 ¿Cuál es la historia del bufet Oliveras Cálix? Este despacho entró en funcionamiento a finales de los años cuarenta (1947-1948). Fue fundado por mi tío, Luis María Oliveras Calix, que comenzó su andadura profesional en un momento de depresión social, estableciendo su despacho de forma individual, como era habitual en aquella época. Poco después se unió a él mi padre, Josep Oliveras entonces estudiante, en una colaboración que se prolongó hasta el final de sus vidas. ¿Y usted? ¿Hablamos de su propia trayectoria profesional? Llevo ejerciendo como abogado desde hace unos 23 años. De hecho, me incorporé al despacho en cuanto inicié la carrera de derecho lo que me permitió conocer los entresijos de la profesión, desde mis inicios, Compatibilizar el trabajo en el despacho con los estudios en la Universidad supuso un gran esfuerzo, pero valió la pena. Pero, el balance será positivo… Ciertamente. Por supuesto. En este bufete aprendí que la función principal del abogado en su sentido más esencial es la defensa de las personas y de sus intereses, Estos son los valores que pretendo mantener vigentes en mi despacho en contraposición a la visión más empresarial de algunos abogados.- ¿Profesión o empresa? El concepto de nuestra profesión ha cambiado en los últimos tiempos, tanto para los abogados como para los clientes que buscan más que antes un beneficio económico como resultado de la problemática que nos plantean, ello comporta una visión más empresarial tanto de los asuntos tratados en nuestros despachos como en la manera de vivir los abogados su propio bufete. Me explico: naturalmente un despacho profesional de abogados es un negocio y para sobrevivir ha de tener una orientación empresarial, pero pienso que no se debe descuidar nunca el punto de vista humano que es precisamente lo que engrandece nuestra profesión. Y su despacho… Me mantengo fiel a mi vocación de servicio a los intereses de todas las personas que se acercan a mi bufete. Es cierto que en ocasiones, este criterio no es económicamente muy rentable, aunque si resulta gratificante tanto en el ámbito profesional como en el personal.
¿En qué materias están ustedes especializados? Nuestro despacho, donde colaboran conmigo Asunción Peiret y Francesc Peiret, presta servicios a sus clientes en prácticamente todas las ramas del Derecho. Acabé la carrera de derecho cuando se aprobó la “Ley del divorcio” probablemente un hecho determinante en mi dedicación mayoritaria al derecho Civil (Familia, divorcios, sucesiones…). También es cierto el Derecho Civil es un tipo de disciplina que implica una relación muy personal con el cliente, lo que me permite ejercer con la vocación profesional antes mencionada. ¿Un abogado de cabecera? Si, por llamarlo de alguna manera, Antes lo llamábamos abogado generalista o privatista, Hay que tener en cuenta que hoy en día, el ejercicio del Derecho requiere el dominio de diversas áreas o/y disciplinas legales, dado que todos los asuntos deben contemplarse desde distintos aspectos: económicos, tecnico-legales, sociales, emocionales incluso, etc. En un divorcio, por ejemplo, intervienen factores emocionales, sociales, fiscales, de arrendamientos, de propiedades, temas de sucesión, patrimoniales en general,… como puedes ver, ¡es complejo! Sí que lo parece… Lo es. Cada vez hay casos más difíciles. Con consecuencias muy duras incluso dramáticas, en situaciones extremas, por ejemplo matrimonios sucesivos, problemas con hijos de anteriores matrimonios, divorcios de matrimonios de 30 o 40 años de convivencia, casos de violencia domestica, dificultad de cobros de pensiones… etc. Por lo que usted dice, ¿Necesitan los abogados conocimientos de psicología para entrar en estas materias? Quiza no se requieran conocimientos de Psicología pero sí tacto, delicadeza y fundamentalmente mano izquierda y mucho sentido común. En mucho casos los clientes, cuando recurren a nosotros, los abogados, ya han consultado previamente con un psicólogo, lo que ocurre más frecuentemente es que llegan a nuestro despacho ya sin posibilidad de retroceso. Nuestra labor es entonces la de mediar para obtener el resultado que más beneficie a nuestro cliente. ¿No se dice que siempre es mejor un mal pacto que un buen juicio? En mi opinión, siempre es mejor decidir por uno mismo, y sobro todo tratándose de asuntos de familia, que esperar la decisión de un tercero, en este caso el juez. Los abogados siempre intentamos alcanzar el pacto que mejor beneficie a los intereses de nuestros clientes. Ayudados por nuestra visión más objetiva del problema, los profesionales intentamos siempre buscar el acuerdo y afortunadamente muchas veces lo conseguimos..
|