 A partir de la publicación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en 1995, se desencadena la implantación de la misma con el objeto de promover la seguridad y la salud de los trabajadores, mediante la aplicación de medidas y desarrollo de actividades en materia de prevención de riesgos derivados del trabajo. Desde la promulgación de la Ley, y su posterior Reglamento de los Servicios de Prevención en Enero de 1997, han transcurrido más de cinco años, periodo en el que todos los agentes implicados en la prevención de riesgos han ido diseñando, desarrollando e implantando, cada uno desde su ámbito de responsabilidad, diversas acciones con el fin de que la prevención de riesgos laborales se desarrolle en el sentido que determina la Ley, y sobre todo, para que la gestión en materia de prevención sea un instrumento eficaz. Partiendo de que la prevención no es un gasto sino una inversión que repercute directamente en los resultados y la competitividad de la empresa, de forma positiva cuando se gestiona de forma rigurosa y eficiente, de forma negativa ante una ausencia de este categoría de inversión, sabemos que la prevención es óptima cuando se encuentra integrada en todas las actividades y decisiones de la empresa, abarcando desde los procesos técnicos, hasta la organización y las condiciones de trabajo. La prevención debe estar integrada en todos los niveles jerárquicos de la empresa, siendo transcendental la participación de los trabajadores. Estamos ante la gestión de una acción empresarial como es la prevención de los riesgos derivados del trabajo, y para ello se deben seguir los pasos que determina cualquier acción en la gestión como es la determinación de una estructura organizativa, la elaboración de un plan de actuación y su implantación, para finalizar con el análisis y valoración de los resultados. Estos resultados y su medición deben trasladarse directamente a la siniestralidad de la empresa y su evolución como medidor de la eficacia preventiva, que se traduce directamente tanto en los niveles de seguridad y salud de los trabajadores, como en la ya mencionada competitividad de la empresa. Estudios realizados en referencia al grado de conocimiento de las obligaciones empresariales en prevención (no del grado de implantación) realizado por la Asociación de Mutuas de Accidente de Trabajo (AMAT) pone de manifiesto que 8 de cada 10 empresas tiene un conocimiento insuficiente (60% muy deficiente y 19% deficiente) y únicamente en 2 se puede considerar bueno o aceptable (11% y 14%, respectivamente). Desde hace más de 40 años las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades de la Seguridad Social (MATEPSS) hemos estado trabajando en este campo diseñando, desarrollando e implantando sistemas de prevención, el hecho de que la gestión de la prevención aparezca como una novedad en el entramado empresarial español y la complejidad de la propia actividad que se sustenta en criterios altamente técnicos y especializados, ha hecho que el desarrollo de la Ley haya sido más lento de lo que en un principio se estimara. La principal causa de la falta de desarrollo se puede concretar en la falta de cultura preventiva de la sociedad española, muy distante de los niveles que encontramos en Europa. Podemos hablar de otras causas que han prolongado en el tiempo el rápido y correcto desarrollo de la Ley, como puede ser la escasez de recursos técnicos humanos a destinar en el ámbito de la prevención a nivel de todo el Estado, el lento desarrollo reglamentario de la propia Ley, la necesidad de un criterio uniforme que incida en las empresas con alta siniestralidad y la propia complejidad y diversidad técnica de la actividad preventiva que obliga a la exigencia de unas condiciones técnicas mínimas de acreditación por parte de la autoridad laboral de difícil armonización. Estas circunstancias están en proceso de desarrollo desde todos los agentes implicados en la prevención, con participación de las autoridades laborales, las organizaciones empresariales, las organizaciones sindicales y los propias entidades de prevención de riesgos laborales, MATEPSS y otros servicios. La gestión de la prevención en la empresa se puede ordenar desde la asunción por el propio empresario, la designación de trabajadores, la constitución de un servicio de prevención y desde la concertación con una entidad especializada en prevención de riesgos laborales, los llamados servicios de prevención ajenos. Teniendo en cuenta que una empresa puede acudir a su MATEPSS para concertar este servicio, siempre que la misma esté debidamente acreditada por la autoridad laboral, en Asepeyo hemos creado el Servicio de Prevención con la finalidad de asistir a nuestras empresas mutualistas. Para ello hemos dotado una infraestructura distribuida por todo el territorio del Estado compuesta de 40 delegaciones exclusivas y especialidades en prevención de riesgos laborales y con más de 300 técnicos especialistas en prevención de riesgos laborales y más de 130 sanitarios bajo la especialidad de medicina del trabajo y de empresa, manteniendo una línea de crecimiento durante 2001. Siguiendo las directrices de la Ley y el Reglamento, la plasmación de un modelo de gestión de la prevención de riesgos laborales en Asepeyo se traduce en la prestación de un encadenamiento de actividades preventivas a desarrollar en el ámbito de la empresa valorando previamente sus necesidades. Así se contempla desde la elaboración del Plan de Prevención de Riesgos laborales donde se contiene la estructura organizativa necesaria para alcanzar los objetivos previstos en la actividad preventiva, así como los medios humanos y los medios técnicos que se precisan; la Evaluación de los Factores de Riesgos como actividad preventiva fundamental que identifica, valora y establece las medidas correctoras necesarias para cada uno de los agentes y factores de riesgo identificados; la Planificación Preventiva como desarrollo de los mecanismos necesarios para poder planificar las acciones preventivas necesarias; el Control de la Eficacia Preventiva como implantación de las medidas correctoras necesarias para reducir los riesgos detectados y mantenerlos bajo control; la Información y formación a los trabajadores de los riesgos existentes en su puesto de trabajo y las medidas preventivas adoptadas, determinando el programa apropiado para cada centro de trabajo, actividad y puesto de trabajo; las Medidas de Emergencia y Primeros Auxilios como análisis de las posibles situaciones de emergencia contra incendios, primeros auxilios y evacuación, así como la implantación del mismo; finalmente la Vigilancia de la salud, como observación continuada del estado de salud de los trabajadores, mediante Exámenes de Salud Específicos, Exploraciones Complementarias, Vacunaciones, Estudios Epidemiológicos, Primeros Auxilios y Atención de Urgencias, que afectan a todas las contingencias de la salud laboral. Todo ello como soporte a la necesidad de la empresa de una correcta gestión de la prevención de riesgos laborales, basándonos en una estrategia que se fundamenta en la integración de la acción preventiva en la propia estructura organizativa y de toma de decisiones de la misma. Las estructuras de la prevención ya están construidas y son sólidas, en estos momentos tanto la sociedad como nuestras estructuras de costes demandan que se implanten mecanismos que reduzcan a niveles aceptables la siniestralidad, siendo mecanismos que pasan por la eficiencia y el pragmatismo en la gestión de la prevención de riesgos laborales. Ciertamente, sin una sincera concienzación social de la transcendencia de la prevención, y más concretamente la de riesgos laborales, sin una cultura prevencionista debidamente implementada y sin una implicación de los agentes sociales, nos encontraremos delante de estructuras prevencionistas técnicas y físicas ineficientes, y una realidad de la prevención de riesgos laborales muy alejada de lo que espera la sociedad de la prevención como garante de la salud y seguridad de los trabajadores.
Ignacio Miranda Ros. Director Servicio de Prevención.Asepeyo
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