Luis Mª Miralbell Guerin y Alfonso Gutiérrez Arqued
Nuevamente el legislador intenta poner remedio a la gestión judicial de las crisis empresariales. A remolque de la gravedad de la situación, a nuestro modo de ver, lo más destacable de esta cambio legislativo que entrará en vigor el próximo mes de enero, es la eficacia y prolongación de los acuerdos preconcursales.
Echamos a faltar la obligada vinculación a ellos de los acreedores públicos, pero nos parece claro que el legislador concursal quiere avisar, que el concurso difícilmente será una herramienta de reestructuración y posible continuidad de la empresa si supera la fase preconcursal y entra en la dinámica profunda del proceso teniendo en cuenta la saturación de asuntos que sufren los juzgados mercantiles.
El escaso margen que le queda al desarrollo pleno del proceso concursal para mantener la empresa viva, aún reestructurándose, o salvar alguna unidad productiva, pasa, en todo caso, por una gestión eficiente y dinámica de la administración concursal. En este sentido, la gestión del concurso por equipos mixtos de abogados y economistas a través de firmas de profesionales que integren ambas especialidades es un buen camino.
También lo es para los procesos de liquidación complejos especialmente en la valoración de activos en funcionamientos e intangibles. Queda igualmente espacio para profesionales individuales que puedan reunir conocimientos mixtos empresariales y jurídicos, los hay con magnífica preparación al respecto. Nosotros hemos optado desde hace muchos años por interactuar entre profesionales de la economía, la contabilidad y la empresa y profesionales jurídicos y creemos que vale realmente la pena.
La realidad empresarial es multiforme, estos tiempos nos lo han enseñado. Algunos pensaban -y pocos, pero aún los hay que lo siguen pensando- que la empresarial es una depurada actividad científicamente demostrable que se mueve bajo criterios de absoluta lógica, total prudencia, contabilidad de doble partida absolutamente cuadrada e intachable reglamentación. Pensaba uno que, cuando mayor era la empresa, más parecía que cumplía estos requisitos. La realidad de una crisis que ha puesto a miles de empresas, grandes y pequeñas, boca arriba nos ha demostrado algo muy diferente, pero más apasionante, algo muy próximo.
Todos querríamos tener el máximo control de las variables que manejamos en nuestro trabajo, en nuestra profesión, pero la realidad nos dice cada día que hemos de tomar decisiones en un tiempo con dosis de intuición, sin absolutamente todos los elementos en la mano. La empresa es exactamente así, y el emprendedor no es diferente, salvo en que crea y toma la iniciativa empujando el acontecer de las cosas hacia delante involucrando a muchas personas. Transmitir al Juez la situación de una empresa en crisis, sus posibilidades, sus dificultades y obstáculos.
Apoyar al empresario para que si existe la más mínima posibilidad pueda mantenerse la empresa, o parte de ella, sus puestos de trabajo, y la riqueza que para la economía de un país ello supone, es la alta tare de los administradores concursales, además de ofrecerle al Juez del concurso la razonable seguridad de que las cosas se hacen con razonable orden y sentido.