 Pedro Miret Betanzos Cuando una empresa está pasando por dificultades y no es capaz de atender sus pagos, lo mejor que puede hacer es presentar un concurso de acreedores voluntario. Si se espera demasiado, se puede encontrar que los acreedores presenten un concurso de acreedores necesario, además de incrementar la posibilidad de que se declare el concurso como culpable, con las consiguientes responsabilidades de los administradores sociales de la empresa.
La solicitud de concurso no sólo es un derecho, sino que también es una obligación. La calificación del concurso es aquella parte del proceso concursal legalmente prevista para establecer los efectos de la responsabilidad por la generación o la agravación de la insolvencia en la que pudieran haber incurrido el concursado, sus representantes legales y sus administradores.
El empresario tiene mucho miedo a presentar el concurso de acreedores, con lo que muchas veces, cuando lo presenta ya es demasiado tarde para conseguir una viabilidad de la empresa. El presentar el concurso no implica que desistamos o que vayamos a cerrar la empresa, sino que lo que implica es la aceptación de que se está pasando por problemas y que se requiere de ayuda para poder solucionarlos.
Muchas de las empresas que han entrado en concurso de acreedores y que han cerrado, podrían haberse salvado si se hubieran presentado a tiempo. Falta una cultura empresarial que acepte que “un enfermo que entra en la U.V.I., no necesariamente tiene que morir”. La empresa tiene un plazo de dos meses desde que conoce su insolvencia (la debe conocer) para solicitar el concurso. Este plazo se prolonga cuatro meses a contar desde la comunicación al juzgado de que se han iniciado negociaciones con los acreedores para presentar una propuesta de convenio anticipado. El no hacerlo de estas formas, puede agravar la insolvencia, con sus responsabilidades. Una calificación del concurso como culpable podrá determinar, además, la condena a los administradores sociales y a quienes hubieren tenido esta condición dentro de los dos años anteriores a la fecha de la declaración de concurso, a pagar con sus bienes y derechos propios a los acreedores todo aquello que no hayan podido recuperar en la liquidación de la masa activa de la empresa. Aquí se puede ver de forma clara las graves consecuencias que puede originar la no presentación a tiempo del concurso. El que sea la empresa la que presente el concurso, se asegura inicialmente el seguir al frente de la misma., ya que si no, corremos el riesgo de que sea alguno de sus acreedores el que lo presente, y en este caso el empresario pierde la administración de la empresa, que pasa a ser controlada por la administración concursal.
Por ello, creemos que es muy importante que la empresa sea la que presente el concurso de acreedores. De esta manera, puede evitar responsabilidades posteriores de sus administradores sociales y siguen gestionando la empresa.
Además cualquier empresario, ante la necesidad de presentar un concurso de acreedores, se encuentra en una situación totalmente nueva para él, probablemente con muchas opiniones y distintas versiones sobre las consecuencias de su nuevo estado, pero lo que es seguro es que se le abren una serie de interrogantes que en la mayoría de los casos producen la angustia del no estar seguro de que el camino o la velocidad tomada sea el correcto.
A bien seguro se plantea cuestiones tales como ¿es ahora el momento de presentarlo? ¿Presento antes un preconcurso? ¿Podrá declararse culpable? ¿Qué consecuencias tendría? ¿Que implica la designación del Administrador Concursal? ¿Podré continuar comprando productos? ¿Qué pasará con los bancos? ¿Cómo reaccionarán los clientes? ¿Y los préstamos particulares o de familiares? ¿Aceptarán la nomina del administrador? ¿Cuánto va a durar? Y un largo etcétera.
Por ello Es muy importante contar, no sólo con el asesoramiento, sino con la ayuda de especialistas para presentar el concurso de acreedores. Y no únicamente con el abogado y el procurador que son los que los presentan, sino también con economistas y auditores, que son los que pueden ayudar a realizar un nuevo plan de negocio que sirva como base para la refinanciación y la negociación con los acreedores, .
Además, estos últimos pueden ver que la empresa que se encuentra en esta situación, está siendo proactiva y que, con esfuerzos, quiere revertir esta situación. Y mejor aún si estos profesionales tienen una amplia experiencia en situaciones concursales tanto desde el punto de vista de la administración concursal, como del asesoramiento, preparación, y seguimiento de todo el proceso para la sociedad concursada, circunstancias todas ellas a destacar en los profesionales que forman nuestro despacho.
|