 Emilo J. Zegrí Boada. Abogado, profesor Il3 UB
Es un derecho fundamental: Todos somos inocentes hasta que después de un Juicio, si acaso, se demuestre lo contrario. La presunción de inocencia vincula a todos; Jueces, Fiscales, Abogados, Periodistas... ¿De verdad creen que se respeta, que impera y es piedra angular de nuestros sistemas social y judicial?. Yo opino que no. Creo que si los padres de Madeleine son juzgados por estos pagos peninsulares, se producirá no una alianza; sino un choque de civilizaciones: la anglosajona y la mediterránea. La que lleva incorporada la presunción de inocencia como un apéndice profundamente arraigado y la nuestra, ferviente partidaria del piensa mal y acertarás o que cuando el río suena agua lleva. Ya es un clásico, desde el caso Dreyfus inmortalizado por Zola en Francia, el vil posicionamiento del mundo en general ante un procesado que consiste en observar todos sus gestos como sospechosos, aunque se contradigan entre sí. Si los McCann están serenos es porque son fríos; si pierden la calma los nervios les delatan. Si dijeron “ellos se la han llevado”, es porque saben algo. Si bebieron en la cena, porque bebieron. Si en un diario privado escribió la madre: “Madeleine tiene una energía que me consume” o “ los gemelos son histéricos” ¿Será que quería desembarazarse de ellos?. Yo he visto en muchos procesos, siempre en la fase de investigación el ansia mal disimulada de acumular indicios sobre el ciudadano inculpado. El celo acusatorio con el que algunos funcionarios actúan es de fácil parangón con el de algunos periodistas que escriben. Muchos procesos consisten en un pseudo linchamiento organizado, mera confirmación de la culpabilidad del acusado, y es que en muchas ocasiones, los meros indicios condenan por error. No nos olvidemos de Otelo quien injustamente abrumado por los falsos indicios que le proporciona el insidioso Yago acaba condenando y matando injustamente a su propia amada Desdémona. Y quién no recuerda aquella película “Los Jueces de la Ley” en la que unos señores magistrados celebran reuniones secretas por las noches para dictar de facto las Sentencias que creen justas, en vez de las indebidamente absolutorias que han dictado por la mañana sus jurados. Los Jueces, así reunidos sin cortapisas incómodas, condenan por indicios y ajustician a los absueltos ciudadanos y ...se equivocan!. Es tan escasamente sincera la presunción a favor del acusado en los países del sur de Europa, tiene tan poco fundamento en nuestra idiosincrasia que hasta los medios de comunicación han acuñado en sus manuales de estilo una expresión totalmente contraria a la presunción de inocencia. En efecto, cuando lo que precisamente quieren los medios es dar a entender que respetan al acusado o inculpado por determinados delitos, nuestros periódicos le señalan con la impagable expresión: “el presunto homicida”, cuando es un presunto inocente.
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