 El execrable problema de la mal llamada violencia de género no tiene solución. ¿Tiene solución la violencia en sí? Pues tampoco la doméstica, la que ocurre en los hogares entre una pareja en la que la mujer es la víctima. Pero también muchas veces el hombre. Para intentar solucionar esta lacra se crean, por ejemplo, los Juzgados especializados en violencia doméstica -que por cierto, ni Magistrados ni funcionarios querían cubrir-. Son Juzgados que capean como pueden la avalancha de denuncias presentadas por mujeres que llegan a las dependencias judiciales completamente atemorizadas y temerosas, sin saber lo que se van a encontrar y esperando que el agresor aparezca por cualquier esquina aunque sea esposado. Las historias que se viven en estas oficinas judiciales son terribles. En todos los casos la mujer es la víctima. Su pareja o ex pareja la ha intentado matar o la ha amenazado con un cuchillo. Afortunadamente, cada vez son más las mujeres que se atreven a denunciar los malos tratos. El problema está en la calle y en boca de todos. Existen hasta canciones convertidas en éxitos de ventas que lo denuncian. Constantemente vemos en las noticias de televisión la terrible imagen de un cadáver cubierto con una bolsa y a punto de introducirse en la ambulancia. Las historias son, a menudo, las mismas: Llevaban tiempo separados y él nunca superó que ella le dejara; o simplemente vivían juntos, tenían problemas, discutieron y él la mató entregándose después a la policía . Para poner fin a todo esto se llevaron a cabo varias reformas del Código Penal endureciendo las penas. En muchos casos el resultado está siendo positivo, pero un exceso de celo por parte de nuestras fuerzas de seguridad y de los recién creados Juzgados de violencia sobre la mujer está llevando a que surjan unas nuevas víctimas. Víctimas que no salen en los periódicos. Ni en la televisión. Son los hombres que se ven, casi sin darse cuenta, esposados y acompañados por policías al calabozo en el que probablemente acabarán durmiendo un par de días, imputándosele un supuesto maltrato en el ámbito familiar. ¿Su delito? Aunque parezca mentira, tener una acalorada discusión con su pareja. Sin exageraciones. Hoy en día tal como están las cosas, una discusión de pareja en la que se pierdan los nervios en exceso por ambas partes y se produzca un simple zarandeo, puede acabar con el hombre en el calabozo si su compañera de discusión coge el teléfono y pide ayuda. Sin amenazas de muerte, sin cuchillos. No estoy diciendo, por supuesto, que sea aceptable que las discusiones de pareja se resuelvan de este modo pero es que cuando esto sucede el hombre puede acabar en los calabozos por ello. Sólo el hombre. Una medida totalmente desproporcionada. Y manifiestamente injusta. Se debería poner fin a esto. Entiendo que los agentes de policía que acuden a la llamada de socorro de la mujer deberían valorar de la mejor manera posible la necesidad real de llevarse esposado al discutidor alterado. Asimismo, sería conveniente que los Fiscales redujeran su incontinencia acusatoria pues parece que la alarma social que provocan las mujeres maltratadas haga que lleven a cabo de forma automática su función y quienes tienen la última palabra, los Jueces, tuvieran en cuenta que en las discusiones domésticas la mujer no siempre es la víctima, por muy corpulento que sea el compañero. Recordemos que sigue siendo preferible absolver a mil culpables que condenar a un inocente . Ramón Angel Casanova Abogado
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