 Juan Córdoba Roda. Catedrático de derecho Penal y abogado Lo habitual en la celebración de juicios penales lo ha sido y en buena parte continua siéndolo, el que a lo largo de una mañana se celebren varios juicios, referidos a unas pocas personas como acusadas y con una o pocas personas que se presentan como víctimas. En los últimos años se ha producido, sin embargo, una nueva experiencia judicial. Un mismo juicio puede tener como acusados a un elevado número de personas, y como víctimas a un colectivo de personas, y prolongarse las sesiones del juicio oral a lo largo de meses y en ocasiones a más de un año. Y estos macroprocesos, que tienen lugar tanto ante Tribunales profesionales, como ante Jurados, aparecen referidos a hechos de la más diversa naturaleza. Pongamos algunos ejemplos de nuestra realidad más cercana. Unos ciudadanos se dedicaban a la lucrativa actividad de elaborar unas facturas por obras y servicios inexistentes, que suministraban a determinados empresarios, a cambio de un precio, para que éstos acreditaran unos gastos deducibles en el ejercicio de su actividad, y conseguir con ello disminuir el importe de las cuotas a ingresar en la Hacienda Pública. Unos y otros, fabricantes de facturas falsas y consumidores de éstas, en número considerable, fueron enjuiciados en un mismo proceso que como es lógico se prolongó durante largo tiempo. Un segundo ejemplo lo puede ofrecer el caso de varias industrias a las que se imputaba que todas ellas habían vertido aguas residuales sin depurar a un cauce público atentando con ello contra el medio ambiente. Pues bien, los directivos de estas empresas que entre sí nada tenían que ver, pues cada una de ellas se dedicaba a su propia actividad sin relación alguna con las demás, fueron sometidos a un mismo proceso judicial por un presunto delito contra el medio ambiente, en atención a que todas ellas vertían a un mismo cauce público. Pero los macroprocesos se celebran también en relación a casos en los que es un colectivo numeroso de personas los que son víctimas del comportamiento de un sujeto. Tal es el conocido caso de un anestesista, aficionado a los opiáceos, al que se le acusaba de haber infectado con inyectables contaminados por su propia sangre, a los pacientes. El juicio reunió a centenares de pacientes y se celebró a lo largo de más de un año. La celebración de estos macroprocesos se justifica por el hecho de que para lograr un debido enjuiciamiento de las conductas, es imprescindible el enjuiciamiento de todas ellas conjuntamente en un mismo proceso. Pero con ello no se debe olvidar que el objeto de todo proceso penal es la valoración de conductas del hombre, como unidades propias; lo que debe conducir a un enjuiciamiento de cada conducta en sí misma, evitando el riesgo de generalizaciones y extrapolaciones inadmisibles.
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