 La llegada masiva de personas procedentes de países no comunitarios a Europa, en busca de una vida mejor que la que, hoy por hoy, pueden encontrar en sus países, está levantando ampollas en la sociedad…¿Cómo piensa usted que debería enfocarse este tema, desde los estamentos públicos? Entiendo que, aquí, hay que combinar dos derechos: el derecho de las personas a emigrar y, por otro lado, la capacidad de absorción de los países de destino, en condiciones dignas, humanas. Y eso depende del volumen de empleo a ofrecer que exista, de la capacidad de alojamiento, de educación y de formación disponibles en cada sociedad. Y, de alguna manera, de la capacidad de tolerancia, porque, aunque se puede y se debe actuar sobre ella, es cierto que el factor rechazo existe y que, aunque tuviéramos todas las casas del mundo, todos los empleos del mundo, todas las posibilidades que ofrecer, si, de repente, - por poner un ejemplo disparatado -, nos encontrásemos ante 10 o 15 millones de emigrantes de una cultura distinta, no habría capacidad de tolerancia, ni posibilidad de admitirlo puesto que, de alguna manera, incidiría en nuestra propia cultura y nuestra forma de vida. Sería prácticamente imposible la integración sin traumas. España ¿puede convertirse en una puerta de entrada a Europa? ¿Cuál es su opinión sobre la nueva Ley de Extranjería? Lo cierto es que todas las naciones europeas desconfían unas de otras y se consideran, entre sí, puertas de entrada a Europa de corrientes de inmigrantes: Italia por la extensión de sus costas, Alemania por su tradición de país de acogida de gentes procedentes de zonas en conflicto - hace poco de los alemanes del este y ahora de la zona de los Balcanes, etc. -, Inglaterra por sus antiguas colonias, con cantidades ingentes de inmigrantes pakistaníes, hindúes… no creo pues que España sea un caso especial dentro del conjunto de la Unión Europea. Por otra parte, la Ley de Extranjería trata de cumplir los compromisos que tenemos dentro del marco europeo, los convenios firmados en este ámbito. Es decir, asume la obligación de no permitir una inmigración incontrolada. ¿No sería más lógico crear una única Ley de Extranjería para todo el territorio comunitario? ¿Se evitarían problemas? ¿Cuál es la política de la UE en este campo? Tener una Ley común es lo que le gustaría al Parlamento Europeo, pero no a los gobiernos europeos, a quienes se les ha planteado en diversas ocasiones y todavía siguen manteniendo al Parlamento Europeo con unas competencias muy limitadas en lo que se refiere a aspectos parciales de la cuestión; existen únicamente convenios intergubernamentales en aspectos como el control de las fronteras exteriores, cruce de fronteras, entrega de visados, estatutos de los extranjeros… y, aún estos puntos con unas perspectivas de desarrollo a cinco o seis años vista. Desde luego, estoy de acuerdo en que se avanzaría más si este tema fuese de competencia europea. Sin embargo, hoy por hoy, la resistencia de los estados miembros a ceder estas competencias es muy fuerte. ¿Es lícito considerar a estas personas meramente como “mano de obra necesaria”? ¿Sería bueno que los españoles recordáramos los tiempos en que éramos nosotros los que emigrábamos en busca de trabajo? Sería buenísimo que lo recordásemos. Pero, generalmente, las personas que en su día fueron emigrantes y han regresado a su país, son los más duros. Ya lo dice el refrán: “no hay peor cuña que la de la propia madera”. Realmente, en muchos casos, son quienes plantean unas reticencias más profundas. Francamente, lo que creo inadmisible es considerar a los inmigrantes exclusivamente como mano de obra. De hecho, en nuestro país, los inmigrantes han ido integrándose poco a poco en la sociedad y, en general, sus hijos, han acabado por ser tan españoles como el que más. Para finalizar, ¿Sería útil organizar más jornadas de reflexión similares a las realizadas en ESADE en el mes de abril bajo el título de “La Condición de Extranjero”, en la ha participado como ponente? ¿Cómo concienciar a la sociedad de la necesidad de integración cultural, laboral y política, de los que vienen a Europa en busca de un país de acogida? Mi respuesta en cuanto a conveniencia de este tipo de conferencias es un sí absoluto. Y más cuando he podido constatar, por algunas de las intervenciones que se producen en estos coloquios, que existe aún un grado importante de desconocimiento y desconcierto frente a la situación. Teniendo en cuenta que las personas que asisten a este tipo de jornadas son gentes con un alto nivel de formación, la cuestión es, como poco, chocante. Se plantean cuestiones como la invasión de millones de inmigrantes que van a cambiar todas nuestras costumbres … o que pronto no habrá niños autóctonos y, por lo tanto, los niños del futuro impondrán su propia cultura y sus costumbres en detrimento de las nuestras… En definitiva, se plantean una serie de temas, alejados de la realidad y cargados de prejuicios y, por lo tanto, creo que sería muy útil la convocatoria de jornadas como la realizada a principios de abril, a iniciativa de ESADE. Todo lo que se haga para informar sobre la realidad de la inmigración es positivo y contribuirá a paliar multitud de problemas latentes, hoy, en nuestra sociedad
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