"La prevención jurídica es fundamental para la buena gestión de la empresa" El despacho abrió puertas en 1927.. Así es. Jaime de Semir, que había sido inspector de Hacienda, fundó este estudio jurídico en 1927 para tratar, fundamentalmente, temas fiscales y tributarios, sobre todo con empresas extranjeras que se instalaban en España. Poco después se incorporaron mi padre, Jaime Bombí, y Luis Le Monnier. Los hijos de estos dos últimos, Carmen Le Monnier y yo mismo, somos quienes hemos continuado con el despacho, conservando el nombre de su fundador. En todo este tiempo ¿ha cambiado mucho el enfoque del bufet? Por descontado, el despacho ha ido evolucionando. Hoy en día, las multinacionales prefieren, en general, acudir a despachos con una gran estructura, y el nuestro es un estudio pequeño, con sólo cinco profesionales, que nos hemos convertido, por así decirlo, en "abogados de cabecera". Así, si bien ya no nos hacemos cargo del día a día de muchas de esas grandes empresas, éstas vienen a consultarnos temas puntuales, porque quieren conocer nuestra opinión, nuestro punto de vista, antes de iniciar determinados nuevos proyectos.
Alfonso Bombí
¿Cuál es, pues, la diferencia?
Creo que la diferencia entre esas grandes macro-estructuras de la abogacía y nuestro despacho se centra en el matiz que hacen los americanos entre "customer" y cliente: El primero es aquel que compra y se va. El segundo es que quiere disfrutar de un trato personalizado, el que pregunta, el quiere que le atienda siempre la misma persona. Y así es como nosotros trabajamos y entendemos el asesoramiento.
¿Cúales son los ámbitos del Derecho que trabajan ustedes principalmente?
Sobre todo nos movemos en el ámbito del Derecho Mercantil y Civil, así como aspectos fiscales y Derecho Tributario; pero lo hacemos, siempre, desde el punto de vista de la estrategia general, ya que se ha llegado a un punto de complicación legislativa que casi se necesita un especialista para cada impuesto, y esto ya lo tienen cubierto las multinacionales del asesoramiento. Por otra parte, dedicamos mucho tiempo a las cuestiones de adquisición y fusión de empresas, así como a partición de empresas, tanto familiares como participadas al 50%. ¿Me habla usted de rupturas?
Algo así. Son temas muy difíciles en que tratamos de encontrar las soluciones más idóneas para todos. Y cuando digo que son asuntos complicados me refiero especialmente al punto de vista psicológico, más que legal, porque hay que intentar que las partes se pongan de acuerdo y que entiendan que ambas saldrán ganando, dejando de lado posibles (y frecuentes) susceptibilidades. Actúan, en cierto modo, como si fueran psicólogos... En esto, como en muchos otros aspectos, la experiencia es un grado. Cuando un empresario acude a nosotros explicando un problema, puede que, de veinte puntos que mencione, sólo un par de ellos sean cuestiones clave. Nuestro trabajo es saber ver cuáles son y atacar ese frente. El resto de cuestiones suelen acabar por solucionarse sin demasiados problemas.
¿Qué me dice usted de la figura del abogado preventivo?
A muchos empresarios aún les cuesta comprender que la prevención es fundamental en la gestión de la empresa y que no hay que esperar a que surjan los conflictos para actuar. Es básico transmitir este mensaje: una buena planificación es básica y, para planificar correctamente, hay que recurrir al asesoramiento de un especialista. Y cuando surgen los conflictos entre socios... Normalmente, estos coinciden con momentos en que los dividendos no son lo que eran. Se dan cuenta de que las ventas disminuyen y, en consecuencia, también los beneficios. Y empiezan a buscar responsables. Es difícil hacerles comprender que, en la mayoría de los casos, no es culpa de ninguno de ellos, sino de todos ellos. También se producen roces cuando un socio quiere evolucionar y el otro prefiere una actitud más conservadora... en este caso intentamos, de alguna manera, predecir la evolución del mercado en el ámbito en que ellos se mueven. No somos, en modo alguno, inmovilistas, pero creemos que las innovaciones deben estudiarse muy bien y no asumir riesgos mal calculados.
¿Hablamos un poco de situaciones de conflicto en la empresa familiar?
Cuando hay problemas, casi siempre prevalece la problemática personal sobre la económica. Se trata a menudo de una rivalidad entre hermanos o primos. Por eso, también en estos casos, nuestro trabajo tiene una fuerte vertiente psicológica: hemos de ver el problema de forma global y conseguir que acepten la mejor manera de llegar a una solución. Para finalizar, su despacho ha apostado por las nuevas tecnologías... Un buen número de nuestros clientes trabajan de forma directa en temas de Internet y, así, nos hemos especializado en el sector del comercio electrónico. En este ámbito quiero destacar que, en mi opinión, existen grandes vacíos legales que deben resolverse a escala internacional.
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