 Sr. Forné, usted es abogado, ¿podría decirnos cual ha sido su experiencia profesional en este ámbito? Empecé a ejercer la carrera de derecho en Andorra en 1974, en el bufete de mi padre, Antoni Forné, quien al poco tiempo fue elegido primer Decano del Colegio de Abogados, constituido por los doce que ejercíamos en aquella época. Siendo tan pocos, ejercíamos todos los temas propios del derecho, por el reparto de tareas que llevamos a cabo en el bufete, yo me dediqué especialmente al derecho penal –en una época, además, en la que no disponíamos de código penal--, pero en los veinte años que he dedicado a la abogacía antes de entrar en política, también me he dedicado a temas de seguros, reclamaciones civiles de accidentes, derecho de sociedades, y derecho civil en general. La situación desde sus inicios en la abogacía ha cambiado radicalmente en Andorra. Formalmente, ha pasado de ser un señorío feudal a un Estado moderno de derecho… Efectivamente, nuestro país en el marco jurídico internacional ha sufrido un cambio fundamental a partir del año 93; hasta ese momento no teníamos una Constitución escrita ni un reconocimiento internacional formal, siendo considerado a veces un país bajo tutela. Los copríncipes eran prácticamente señores absolutos. Una muestra es que el código penal actualmente vigente lo promulgaron ellos sin consultar al parlamento andorrano; desde la Constitución, claro está, el tema a cambiado radicalmente. La Constitución andorrana, que es una de las más modernas de Europa, cuenta entre sus particularidades el hecho de que la jefatura del estado la ostentan dos personas, el Copríncipe francés y el Copríncipe episcopal. El Copríncipe Chirac y el Coprícipe Alanís, que es como, de hecho, de les debería nombrar, conservan unas competencias muy limitadas, quedando como garantes de la Constitución y de su respeto por parte de los países vecinos. Pero de hecho la soberanía recae íntegramente en el pueblo.
¿Podría Andorra prescindir de sus copríncipes? La Constitución andorrana, sancionada por los Copríncipes, contempla esa posibilidad. Basta con que dos tercios del parlamento así lo decidan y que esa decisión sea refrendada por referéndum. A partir de aquí, los Copríncipes deberían acatar la decisión del país de prescindir de sus altos servicios, pero la gente no piensa de ningún modo cambiar las cosas que llevan funcionando bien 700 años y que se han adaptado a los tiempos modernos de una manera admirable.
Andorra también está en proceso de adaptación a su entorno geopolítico… Andorra aún tiene que adaptarse a los nuevos mercados, la legislación andorrana como país tercero dentro de la Unión Europea nos convierte en una isla en algunos temas en los que somos demasiado cerrados. Tenemos acuerdos comerciales y aduaneros con la Unión Europea, ahora estamos tratando de llegar a un acuerdo global que habrá de resolver aspectos como el de circulación de personas. Esto lo estamos negociando con la Unión Europea mediante una serie de grupos de trabajo, para llegar a un nuevo acuerdo preferente; no a una integración que nadie defiende, por no adecuarse nuestras dimensiones a las de una macroestructura como la europea. Por otra parte, lo cierto es que mucha gente en Andorra ve con recelo la falta de reflejos que la burocracia y la política de Bruselas demuestran en temas como el de las vacas locas; que la Unión Europea tenga 4 o 5 organismos dedicados a la unificación fiscal y no haya puesto en marcha hasta ahora una agencia de control alimentario... ¡así nos va!
Finalmente, Sr. Forné, últimamente su país se ha destacado por su empeño en la crea-ción del Tribunal Penal Internacional. Andorra fue uno de los países que más insistió en Roma para su creación; nuestro embajador, Juli Minoves, fue uno de sus promotores, aportando parte del texto que figura en la propuesta de creación de este tribunal y que fue adoptado por unanimidad. Andorra ya ha firmado y ratificado su adhesión, como casi treinta países más, cuando lo ratifiquen 60 de los 139 que ya han firmado, el tribunal iniciará su funcionamiento
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