Empezar por lo más obvio. Cuando en KPMG Forensic investigamos un posible fraude, empezamos con la información y documentación más próxima a las actividades del defraudador. Utilizamos esta información para hacernos una idea de las actividades del defraudador y de sus cómplices.
Por lo que se refiere a documentación en formato electrónico, la información más relevante proviene de correo electrónico, ordenadores, copias de seguridad y otros archivos informáticos. Con el software adecuado se puede acceder a este material para buscar información y encontrar documentos claves.
Extender la búsqueda. Fuera de la compañía existen también muchas posibilidades de encontrar evidencia que corrobore las actividades del defraudador. Por ejemplo, los auditores de la empresa, sus entidades bancarias, sucursales, abogados, proveedores y clientes pueden tener información relevante a la que se puede acceder.
En base a nuestra experiencia, las investigaciones más fructíferas son las que se acercan lo máximo posible a la actividad diaria del defraudador, y las mejores pistas se obtienen de sus compañeros de trabajo, colaboradores y secretarias.
El trato con los informadores. Antiguos empleados, sobre todo aquellos que han estado enfrentados con el presunto defraudador, pueden ser otra fuente muy útil de información. Sin embargo, hay que ser precavidos a la hora de hacer partícipes de la investigación a gente ajena a la compañía, sobre todo cuando se trata de “informadores”. En KPMG Forensic recomendamos que se compruebe la integridad y confianza de cualquier posible fuente antes de ser utilizada.
El investigador también debe tener cuidado con los motivos que impulsan al “informador” a facilitar información, no sea que intente, por ejemplo, evitar una investigación de sus propias actividades. Sin embargo, si se toma la precaución debida, los “informadores” suelen ser una buena ayuda en el proceso de investigación.
El papel de la informática. En los últimos años, las herramientas informáticas han contribuido significativamente en investigaciones de fraudes. Por ejemplo, en KPMG Forensic disponemos de herramientas informáticas que pueden ser utilizadas para analizar discos duros y obtener, por ejemplo, archivos que el defraudador creía haber borrado, sin alterar la evidencia.
A menudo las bases de datos informáticas son la mejor manera de controlar la evidencia obtenida. Para ser efectivas, deben registrar la fuente de la evidencia, los usuarios autorizados para modificarla, y el lugar donde se encuentran todos los documentos y discos obtenidos durante la investigación.
Conclusión. Recopilar y preservar la información es el primer paso en la investigación de un caso de fraude. En KPMG Forensic estamos convencidos de que el tratamiento y uso efectivos de esta información maximiza las posibilidades de recuperar los bienes perdidos y frena otros posibles fraudes.
Según nuestra experiencia, las organizaciones que, en la investigación de un fraude, siguen una metodología que combina imaginación, disciplina y las técnicas y herramientas adecuadas, tienen grandes posibilidades de éxito.
DAVID GHOSH
Socio Director de KPMG Forensic
dghosh@kpmg.es