 Hiempo atrás, leí un artículo del periodista y escritor Quim Monzó que hablaba de un aspecto peculiar –otro más- de la cultura norteamericana. La cuestión se centraba en el sinnúmero de leyes fuera de toda lógica, verdaderas perogrulladas, vigentes en el país de las oportunidades, de la democracia, de la libertad, en donde se aplica, aún, la pena de muerte…El artículo no tenía desperdicio. Ahora, me gustaría recomendar la lectura del libro “Bart Simpson, Guía para la Vida”, editado por Ediciones B, S.A., de Barcelona: allí aparecen una serie de normas, de distintos estados, de las cuales transcribo unas pocas a modo de ejemplo: En Los Angeles, California, está prohibido bañar a dos bebés en la misma bañera al mismo tiempo. En Carrizozo, Nuevo México, no se permite que las mujeres se exhiban en público sin haberse afeitado. En Yukon, Oklahoma, es un delito que los pacientes arranquen los dientes a su dentista. En Dakota del Norte es ilegal echarse a dormir con los zapatos puestos. En Waterloo, Nebraska, los barberos tienen prohibido comer cebollas entre las 7 a.m y las 7 p.m. (en este caso, sí se me ocurre una razón de peso para promulgar esta norma)… Otras normas “made in USA” prohiben iniquidades tales como “que las mujeres lleven sombreros que puedan asustar a los niños y a los animales” o “que los hombres lleven vestidos sin tirantes”, “cantar en bikini”, “llevar leones al cine”, y una larga lista de bobadas incomprensibles que ponen de manifiesto, esta vez en el ámbito de la ley, las muchas diferencias entre la cultura europea y la norteamericana. Existe una explicación para la existencia de este tipo de normas. En los EEUU, una sentencia sienta jurisprudencia, es decir, si un juez ha emitido una sentencia condenatoria en un caso concreto en que, por ejemplo, a alguien se le ocurrió ir al cine con un león (¿?), a partir de ahí, esa sentencia se convierte en norma. En los últimos tiempos, los medios de información, en nuestro país, están llenos de noticias sobre polémicas acerca de la promulgación de nuevas leyes, la reforma de otras (sin ir más lejos, la Ley de Enjuiciamiento Civil, o la Ley Orgánica del Poder Judicial…), vacíos legales, sentencias que se pueden calificar de verdaderos desatinos, pero, pese a todo ello, en nuestro país aún podemos “cantar en bikini” sin ir a dar con nuestros huesos en la cárcel. Así que, con todas sus carencias, demos gracias por nuestras leyes y nuestra Justicia, y confiemos en que nuestros legisladores hallarán el consenso necesario para conseguir el marco legal adecuado que merecen los ciudadanos. Por cierto, en el estado de Michigan “el pelo de una mujer es propiedad exclusiva de su marido”.
Nyota Dorca
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