 China constituye una seria competencia industrial en progresivo avance por sus bajos costes y fabricación cada día de mejor calidad. Los Estados Unidos se quejan de la inadecuada protección de la propiedad industrial e intelectual para patentes, marcas y Copyright en China. Hasta el presente parece haberse subestimado el impresionante cambio que ha tenido lugar en la protección de propiedad industrial e intelectual en China. La creatividad china generará patentes que probablemente inundarán Europa y Estados Unidos en la próxima década, posibilitando que China domine áreas significativas de la tecnología. La mayor parte de observadores extranjeros aprecian la todavía imperfecta puesta en vigor de las patentes pero no se dan cuenta de los profundos cambios. Hay tres componentes en un régimen de propiedad intelectual efectivo: la ley que soporta el sistema, el coste y calidad del "derecho" de patentes adquirido y la efectividad y costes de exigir el respeto de los mencionados derechos. China introdujo su primera ley de patentes y otras correspondientes a propiedad intelectual a mitad de los años ochenta. Desde entonces ha aprobado otras leyes de actualización de manera que en la actualidad sus leyes sobre propiedad industrial e intelectual se encuentran entre las mejores del mundo. Los "derechos" de propiedad intelectual para los extranjeros son en general de elevada calidad y coste razonable. Por ejemplo, el coste por una duración de 20 años de una patente en China es del 10% del coste total de las patentes para países del G8. Si bien siguen existiendo algunos problemas, la exigencia de cumplimiento de derechos ha mejorado enormemente. Es posible conseguir que se respete una patente por acciones ante el sistema judicial chino. El coste no es elevado: 60.000-120.000 dólares (49.000-98.000 euros) en comparación con aproximadamente 100.000 en Alemania, 500.000 en el Reino Unido y 5.000.000 en Estados Unidos. Las empresas y universidades chinas han empezado a comprender el sistema internacional, sus normas y ventajas. Las solicitudes de patentes en el país están creciendo según un porcentaje del 25 al 40 anual. Las universidades chinas presentan en la actualidad casi tantas patentes en su país (aproximadamente 6.000 al año) que las universidades U.S.A. Es evidente pues que la China se está volviendo creativa. A lo largo de siglos China ha sido líder en sectores que van desde las matemáticas a la construcción de barcos. La naturaleza empresarial de los chinos se da la mano con su inventiva. Más recientemente, la primera terapia genética del mundo (para un cáncer) ha sido inventada, desarrollada y aprobada en China. Las críticas actuales desde algunos centros del mundo occidental, de que el proceso regulador debe tener fallos, no ha reconocido ni la excelencia de la ciencia china ni la elevada calidad y normas éticas de una buena parte de la medicina clínica en China. Las empresas y las universidades chinas han empezado a darse cuenta de que si son capaces de inventar la próxima generación de televisiones de alta definición o de teléfonos móviles, pueden imponer de hecho la norma a escala global. Si han patentado estas tecnologías globalmente podrán también decidir a quién darle licencias. Estas patentes empiezan a ser presentadas ahora y su efecto será visible como tecnologías maduras dentro quizás de unos cinco años, en el caso de alta tecnología hasta quince años para los productos farmacéuticos. Hay muchas indicaciones de que en los últimos veinte años Pekín ha deseado tener un buen sistema de propiedad intelectual con posibilidad de que se pueda exigir su cumplimiento. Se necesitaron 30-40 años para que Japón, Corea y Taiwán llegaran al mismo punto. China es tanto una amenaza como una oportunidad para la economía occidental. La amenaza es que su potente base manufacturera se basará de manera creciente en su propia tecnología. Las oportunidades son que esta tecnología es accesible para nosotros y que China es un enorme mercado en el que la protección de patentes empieza a ser tan importante como en cualquier país desarrollado. Las empresas y universidades chinas están ansiosas para colaborar. Las empresas españolas y del resto de Europa deberían pedir sus patentes en China, realizar búsquedas sobre nuevas tecnologías aplicables en China y establecer relaciones con socios tecnológicos y empresarios chinos. Si no lo hacemos así, nos ganarán en nuestro propio juego. Pedro Pueyo - Departamento de Patentes J. ISERN PATENTES Y MARCAS
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