 Ana Casas. Abogado. J. Isern patentes y marcas
Ante la creciente buena imagen que las empresas españolas tienen en el mundo, así como tras la profesionalización y mejora de los productos y servicios comercializados por empresas españolas por todo el mundo, no hay duda alguna entorno a la conveniencia de registrar, cuidar y mimar la marca que los ampara. Hoy en día las marcas acumulan un gran número de funciones y como consecuencia de la globalización, adicionalmente al incremento de información que acumulan también se han convertido en un vehículo de transmisión de información. Las marcas también transmiten profesionalidad del empresario, calidad, fama y prestigio del producto o servicio, posicionamiento de la entidad que lo fabrica, comercializa y distribuye. En lo que a las marcas corporativas se refiere, y más concretamente en relación a los despachos profesionales, se acaban atribuyendo nuevos valores a transmitir por la marca: valores éticos de la compañía, filosofía de la compañía, orgullo de pertenencia del trabajador. Es precisamente esta función de orgullo de pertenencia a la empresa del profesional la que cada vez más se utiliza en el sector profesional. Hoy en día los empresarios se preocupan por transmitir la información habitual a través de su marca (calidad del producto o servicio, origen empresarial, etc.) pero además también se preocupa de su imagen corporativa. En los despachos profesionales esta imagen corporativa la transmite el profesional que atiende al cliente y ello incluye que el profesional sienta cierto orgullo de trabajar en esa empresa o despacho. Esta nueva función de la marca es importante en todos los sectores y en particular en este sector, dado que la persona que acude a un bufete de abogados, o a un estudio de arquitectos, se sentirá mejor atendida si percibe un ambiente de cohesión y equipo que si percibe una actitud individualista del profesional que le está atendiendo. Asimismo, la transmisión de información inconsciente que realiza el profesional satisfecho de trabajar en una empresa al cliente que está atendiendo, es también un factor diferencial que hará que el cliente se decida por esa empresa. Esta función de la marca, sumada a la reputación de los servicios prestados, es la que hoy en día llevará al consumidor/cliente a decidirse entre un despacho profesional u otro. Desde el sector de la propiedad industrial, los agentes de patentes y marcas, empezamos a percibir la preocupación del empresario entorno a que su marca canalice bien este tipo de información, y sea capaz de captar y fidelizar a los clientes con este intangible. Tanto el profesional como el empresario se dirigen a las agencias de patentes y marcas en busca de una visión global de su cartera de marcas, para controlar la actualización de su logotipo, a ampliar los servicios que cubre la marca, controlar los vencimientos, etc. Así como también, cada vez más, solicitan una actuación conjunta entre los asesores jurídicos de las marcas (los agentes) y las empresas de comunicación que se dedican a diseñarlas; es precisamente esta colaboración la que logra sacar al mercado una marca que acumula toda la información necesaria para que el consumidor conozca el producto, su calidad y el empresario que hay tras de la misma. De todo ello se desprende que cada vez más, la marca tiende a ser un todo; es decir, posee tanta información y poder de canalización, que ha devenido en uno de los principales activos de la empresa, por no decir el principal. Por ello hoy en día no basta con cuidar la marca corporativa, sino que es necesario mimarla, no basta con renovarla, sino que es necesario actualizarla, defenderla de agresiones, copias y plagios, adaptarla al mercado global y sobretodo dotarla de la capacidad necesaria de transmisión de información al consumidor.
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