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Los bienes inmateriales de la empresa, en el entorno digital
 
Fuente: KPMG Abogados
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Lecturas: 3233
Publicado en Togas.biz: 30.11.2000
Publicado en Togas7 - La Vanguardia : 30.11.2000 (leer todos los artículos)

| Los bienes inmateriales de la empresa, en el entorno digital FOTO |

Se han definido los bienes inmateriales como las creaciones intelectuales que provienen de la mente humana y que, materializados en un determinado medio y utilizándolos en las relaciones sociales y comerciales, adquieren un importante valor económico. Dicho valor económico reside en que el bien inmaterial sea susceptible de ser explotado económicamente, generando la ventaja competitiva que supone la barrera de entrada frente a los competidores; por ejemplo, una patente. Dicho aprovechamiento puede ser interno en beneficio de la compañía o proveniente de los ingresos derivados de la explotación por terceros.

Sin embargo, en el mundo empresarial se dan situaciones en las que dichos bienes inmateriales que “fluyen” dentro de la empresa no son aprovechados plenamente, siendo su valor menor del que debería figurar en el balance de una compañía. Ello repercute consecuentemente en el valor de una compañía y, sobre todo, en la posibilidad de maximizar la rentabilidad del “bien inmaterial”, ya sea externa –licencias- o internamente. No resultaría difícil descubrir infinidad de compañías que operan en el mercado, que ostentan la titularidad y aprovechan internamente un determinado bien inmaterial pero, sin embargo, no obtienen su máximo rendimiento: impedir a los competidores la obtención del mismo resultado o la utilización de un determinado signo distintivo, explotar un determinado know-how, etc. Este sería el caso habitual que se da en muchas compañías con las invenciones no patentadas, el know-how no protegido, el nombre de dominio no registrado, los signos distintivos no solicitados como marcas, las obras científicas, técnicas, literarias o artísticas, que no son explotadas activamente, entre otros muchos casos.

Los bienes inmateriales no protegidos gozan, en cualquier caso, de una protección indirecta otorgada por el ordenamiento jurídico, en relación con el secreto empresarial; determinados actos de competencia desleal, por la cobertura que ofrece el Código Civil en el contexto del incumplimiento contractual, o incluso por la propia legislación de propiedad intelectual; pero, en dichos casos, el valor intrínseco del bien inmaterial no surge directamente de la compañía y ni siquiera reside en ella: aparece puntual y únicamente en el correspondiente proceso judicial ante los tribunales. Afortunadamente, para los titulares de dichos bienes inmateriales, existen determinados mecanismos adicionales que permiten la protección directa y más certera de dichos bienes. Dichos mecanismos pueden consistir en el correspondiente registro ante el organismo pertinente o en la adopción de determinadas medidas que revaloricen el bien inmaterial y lo conviertan en un activo inmaterial en toda su extensión.

A los bienes inmateriales les son de aplicación, entre otras disposiciones, la Ley de Patentes 11/1986, la Ley de Marcas 32/1988, la Ley de Propiedad Intelectual RDL 1/1996, la Ley de Protección Jurídica de Bases de Datos 5/1998, o la Ley de Competencia Desleal 3/1991. Dichas disposiciones establecen determinados mecanismos y regulaciones que permiten salvaguardar los derechos de los titulares y premiar con un monopolio el esfuerzo intelectual y competitivo de sus “creadores”. En dicho contexto, sin embargo, la normativa no entra en funcionamiento por sí misma, en muchos casos, y sobre todo de cara a aumentar el valor de una compañía, es necesario que la empresa actúe proactivamente desde sus diversos departamentos, impulsando estrategias legales de registro y de adopción de medidas protectoras, “documentalización” y/o digitalización del know-how o de los contenidos intelectuales, etc.

No obstante, si bien esta situación de desaprovechamiento ya se daba con mucha frecuencia en un entorno tangible, en el que los bienes inmateriales podían ser representados en un CD o en un rótulo de establecimiento, en el entorno digital, el bien inmaterial adquiere su valor en la medida que la compañía sepa activar las medidas de protección adecuándose al nuevo medio. Entre ellas, podríamos identificar aquellas medidas que otorgan una mayor protección contra la utilización ilegítima de los bienes mediante el uso de nuevas tecnologías, como las marcas de agua, el registro de una determinada obra en el registro de la propiedad intelectual, o la inclusión en los contratos de licencias de mayores garantías y límites a la utilización de dicho bien. En la actualidad, las compañías se enfrentan al duro reto de la inmaterialización de lo inmaterial: el esfuerzo intelectual naturalmente intangible y manifestado en un determinado medio (música, un dibujo, una base de datos, etc.) ha encontrado su medio natural en el entorno digital.

Dicho reto va afectar a aquellas compañías cuyo activo sea el know-how, los derechos de explotación sobre determinadas obras (multimedia, audiovisuales, etc.) o el conocimiento en sí mismo. En dicho entorno, las compañías vinculadas al sector tecnológico van a sufrir la imperiosa necesidad de hacer valer su conocimiento, sus ideas y su capacidad creativa e intelectual, ya que todo ello será su principal activo. Incluso, fuera de dicho sector, cualquier compañía que se plantee llevar a cabo estrategias de e-Business va a precisar de medidas de protección y de generación de valor en contextos como el de la digitalización de contenidos, digitalización de procesos internos o documentos (e-procurement), etc.

La importancia de los bienes inmateriales en la era digital no pasa sólo por su protección, que es todavía muy necesaria para muchas de las empresas que hoy operan en el tráfico económico real o off-line. Algunas ni siquiera tienen sus marcas registradas. El proactivo aprovechamiento de los bienes inmateriales, no sólo incrementará el valor de una compañía, sino que, además, generará importantes nuevas vías de ingresos mediante el aprovechamiento de la tecnología presente en la sociedad de la información, como, por ejemplo, la generación de contenidos “ad hoc” para determinados “players” del sector.

Alberto Burgueño (Propiedad Industrial e Intelectual)  y Josep Sanfeliu (e-Business)

KPMG Abogados

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