Hoy en día, escribir sobre piratería es fácil. El campo está abonado. El mercado de los contenidos cada vez es más amplio y más valioso. Música, vídeo, fotografía, juegos o imagen inundan nuestras vidas. Falta que aparezca un nuevo dispositivo o medio tecnológico para que con habilidad osmótica los contenidos ocupen ese nuevo espacio. El problema es el de siempre: que los contenidos son de alguien, alguien que los ha pensado, alguien que los ha ideado, alguien que los ha creado, alguien que los ha producido, alguien que los ha financiado y alguien que los ha distribuido. Muchos son los que viven y dan vida en el mundo de las creaciones intelectuales. Y muchos los parásitos que, vestidos de empresarios de pro, se inflan a ganar dinero a costa de los demás
La telefonía móvil y las compañías de tonos que se han creado a su alrededor son la nueva meca de los listillos ¿A que pocos se imaginan que tras esos anuncios que 'invitan' a bajarse tonos, imágenes, etc.. para nuestros teléfonos móviles hay un extraordinario negocio? Pues sí. Pero en muchos casos, y una vez más, a costa del trabajo de los demás. Un espacio nuevo que los avispados de las nuevas tecnologías se aprestan a rellenar. Vaya por delante que el futuro pasa por la telefonía móvil y las PDA's, nada que objetar. Pero pasa también por pagar derechos a los titulares de los contenidos que se utilicen. Y no he localizado más que una o dos compañías (de las que se publicitan) cuyos contenidos sean plenamente lícitos. En la mayoría de casos anuncian, sin vergüenza alguna, que la foto de fulanito, la música de menganito, la imagen de sutanito o el personaje de moda están disponibles. ¡Pon tu móvil a la última! dicen unos ¡Todo lo que necesitas para tu móvil!, dicen otros, o ¡No hay más para tu móvil!
Pero claro, mientras el consumidor se ve obligado a pagar no poco dinero para bajarse estos tonos, imágenes o sonidos, la compañía de tonos no paga un duro a los titulares de esos derechos que explota. O casi ni un duro. La SGAE, ofrece una licencia que, a la postre, funciona como una patente de corso. Con esta licencia las compañías se sienten seguras, y sólo pagan a los autores de los temas musicales… pero no a los intérpretes, ni a los músicos, tampoco a los productores, ni a los fotografiados, ni a los titulares de marcas, etc. Técnicamente el negocio no es muy complejo, un servidor potente, un software capaz de detectar los códigos solicitados y devolver vía telefónica el pedido realizado y un contrato con la o las compañías telefónicas deseadas. Los contenidos son gratis y el cliente siempre paga (a través de la compañía telefónica, que se queda con el 50% de la factura). Negocio redondo que sólo depende de la inversión publicitaria que se haga. Bueno, mejor no nos quejemos tanto, pues como abogados, trabajo no nos faltará. Los abogados de los titulares de derechos ya están afilando el lápiz.
DR. MARIO A. SOL MUNTAÑOLA Sol Muntañola & Asociados
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