Sin embargo, esta falta de experiencia en la política del
Colegio ¿no puede restarle eficacia como Decano?
Más bien todo lo contrario. Una candidatura debe ser seria,
creíble y sobre todo debe ser muy transparente con sus
principios programáticos esenciales a fin de que los electores
sepan a qué atenerse a la hora de votar. Con la salida
del actual Decano se cierra claramente una etapa y se abre otra.
Nosotros tenemos las ideas muy claras sobre cómo debería
ser esta nueva etapa y estamos convencidos de que la gran mayoría
las comparte. Nuestro compromiso es llevarlas a la práctica
y por eso concurrimos a las elecciones. Además, como se
trata de abrir un nuevo ciclo y de terminar con la política
colegial entendida como una profesión, si soy elegido me
comprometo a no optar a un segundo mandato.
¿Cuáles son las ideas básicas de su programa?
Las ideas básicas son dos. La primera, desentrañar
la situación económica real del Colegio, diseñando
y aplicando una política rigurosa de austeridad en el gasto,
con el máximo consenso posible. Los abogados que luchan
todos los días por su despacho profesional y que viven
al margen del aparato del Colegio piden y exigen, austeridad en
el gasto. Me atrevo a decir que éste es un clamor en la
abogacía barcelonesa. Algunas de las medidas para conseguirlo
están en la mente de todos, mientras que otras son mucho
más complejas y habrá que afinar mucho a la hora
de perfilarlas y llevarlas a la práctica. La segunda idea,
tan importante como la primera, es restaurar la dignidad y el
prestigio de la profesión. No se trata de volver al siglo
XIX sino de entrar en el siglo XXI con una abogacía respetada
y valorada por las instituciones y por la sociedad. Todos tenemos
demasiadas anécdotas personales que demuestran la degradación
y la indefensión a la que estamos llegando. No digo que
eso sea culpa del Colegio, sino que el Colegio ha hecho muy poco
para enfrentarse a estas nuevas realidades y para hacer oír
la voz de los abogados donde sea preciso para que no sigamos perdiendo
más posiciones. Si todos los grupos se organizan y se defienden,
¿por qué no vamos a hacer lo mismo los abogados?.
En su programa insiste mucho en el derecho de defensa y en
la misión del Colegio en garantizarlo. ¿Por qué?
Si el abogado tiene alguna función social es la de defender
a su cliente dentro del marco de la legalidad, y el cumplimiento
de esta función es tanto un derecho como un deber del letrado.
Si esta función se dificulta una y otra vez, se pone en
cuestión la profesión misma y el ciudadano pierde
la confianza en su utilidad e incluso en su necesidad. Aunque
pueda parecer una exageración, esa es la base de todo el
sistema y por eso me comprometo, si soy elegido Decano, a poner
toda la fuerza del Colegio al servicio del abogado que sea objeto
de una denegación o de una limitación indebida en
el ejercicio del derecho de defensa de su cliente. Aunque me causó
muchos problemas y sinsabores, ya demostré mi compromiso
con esta idea al ser el primer abogado en enfrentarme mediante
una querella a los abusos y tropelías del entonces Magistrado
Pascual Estevill, ahora condenado por múltiples delitos.
En su programa hay varias propuestas sociales (como la mejora
de las prestaciones sanitarias y de jubilación, el tratamiento
especial de la maternidad, etc.). ¿Es posible resolver
estos temas desde el Colegio?
No son de su directa competencia pero desde el Colegio pueden
financiarse actuaciones concretas. Los recursos que se liberen
mediante una política rigurosa de austeridad podrán
aplicarse en una parte a estos fines y en el resto a la reducción
de cuotas. Trabajaremos en esta línea si somos elegidos.