Pedro Pueyo - Departamento de Patentes
J. ISERN PATENTES Y MARCAS
China constituye una seria competencia industrial en progresivo
avance por sus bajos costes y fabricación cada día
de mejor calidad. Los Estados Unidos se quejan de la inadecuada
protección de la propiedad industrial e intelectual para
patentes, marcas y Copyright en China. Hasta el presente parece
haberse subestimado el impresionante cambio que ha tenido lugar
en la protección de propiedad industrial e intelectual
en China. La creatividad china generará patentes que probablemente
inundarán Europa y Estados Unidos en la próxima
década, posibilitando que China domine áreas significativas
de la tecnología.
La mayor parte de observadores extranjeros aprecian la todavía
imperfecta puesta en vigor de las patentes pero no se dan cuenta
de los profundos cambios. Hay tres componentes en un régimen
de propiedad intelectual efectivo: la ley que soporta el sistema,
el coste y calidad del "derecho" de patentes adquirido
y la efectividad y costes de exigir el respeto de los mencionados
derechos.
China introdujo su primera ley de patentes y otras correspondientes
a propiedad intelectual a mitad de los años ochenta. Desde
entonces ha aprobado otras leyes de actualización de manera
que en la actualidad sus leyes sobre propiedad industrial e intelectual
se encuentran entre las mejores del mundo. Los "derechos"
de propiedad intelectual para los extranjeros son en general de
elevada calidad y coste razonable. Por ejemplo, el coste por una
duración de 20 años de una patente en China es del
10% del coste total de las patentes para países del G8.

Si bien siguen existiendo algunos problemas, la exigencia de cumplimiento
de derechos ha mejorado enormemente. Es posible conseguir que
se respete una patente por acciones ante el sistema judicial chino.
El coste no es elevado: 60.000-120.000 dólares (49.000-98.000
euros) en comparación con aproximadamente 100.000 en Alemania,
500.000 en el Reino Unido y 5.000.000 en Estados Unidos.
Las empresas y universidades chinas han empezado a comprender
el sistema internacional, sus normas y ventajas. Las solicitudes
de patentes en el país están creciendo según
un porcentaje del 25 al 40 anual. Las universidades chinas presentan
en la actualidad casi tantas patentes en su país (aproximadamente
6.000 al año) que las universidades U.S.A.
Es evidente pues que la China se está volviendo creativa.
A lo largo de siglos China ha sido líder en sectores que
van desde las matemáticas a la construcción de barcos.
La naturaleza empresarial de los chinos se da la mano con su inventiva.
Más recientemente, la primera terapia genética del
mundo (para un cáncer) ha sido inventada, desarrollada
y aprobada en China. Las críticas actuales desde algunos
centros del mundo occidental, de que el proceso regulador debe
tener fallos, no ha reconocido ni la excelencia de la ciencia
china ni la elevada calidad y normas éticas de una buena
parte de la medicina clínica en China.
Las empresas y las universidades chinas han empezado a darse cuenta
de que si son capaces de inventar la próxima generación
de televisiones de alta definición o de teléfonos
móviles, pueden imponer de hecho la norma a escala global.
Si han patentado estas tecnologías globalmente podrán
también decidir a quién darle licencias. Estas patentes
empiezan a ser presentadas ahora y su efecto será visible
como tecnologías maduras dentro quizás de unos cinco
años, en el caso de alta tecnología hasta quince
años para los productos farmacéuticos.
Hay muchas indicaciones de que en los últimos veinte años
Pekín ha deseado tener un buen sistema de propiedad intelectual
con posibilidad de que se pueda exigir su cumplimiento. Se necesitaron
30-40 años para que Japón, Corea y Taiwán
llegaran al mismo punto.
China es tanto una amenaza como una oportunidad para la economía
occidental. La amenaza es que su potente base manufacturera se
basará de manera creciente en su propia tecnología.
Las oportunidades son que esta tecnología es accesible
para nosotros y que China es un enorme mercado en el que la protección
de patentes empieza a ser tan importante como en cualquier país
desarrollado. Las empresas y universidades chinas están
ansiosas para colaborar.
Las empresas españolas y del resto de Europa deberían
pedir sus patentes en China, realizar búsquedas sobre nuevas
tecnologías aplicables en China y establecer relaciones
con socios tecnológicos y empresarios chinos. Si no lo
hacemos así, nos ganarán en nuestro propio juego.